Proyectos Humanísticos

Donación de Sueños El Guapo, Estado Miranda

Éste viernes 30 de octubre nos dirigimos a un territorio que pocas veces está planificado en la mira de las instituciones de beneficencia, tal como nos lo hicieron saber los muchachos que ya conocíamos, porque tantas veces nos atendieron, limpiando los vidrios de nuestro carro, o ayudándonos con las compras que hacíamos  en el paso hacia Caracas.

Pero ese día, les llevamos una sorpresa.

Viajábamos a Caracas para atender a los ancianitos de Petare, que se reunirían en el Sector La Capilla de Petare, y conseguimos Gasolina en esa bomba e hicimos la parada, y allí conocimos a ese grupo de niños y adolescentes, por quienes nos sentimos movidos a hacerles una acción, una ayuda, donde la fundación extendiera un brazo más, en este lugar de paso, donde regularmente no se hace nada, porque la naturaleza del sitio no lo permite, pero ahí estaban los niñitos, las jovencitas, trabajando, echándole pichón.

― yo sí había notado que ellos, cuando lavaban los carros, o limpiaban el parabrisa, toda el agua que caía del carro, les chorreaba sus zapaticos, y ese día les pregunté que si eran los zapatos de trabajar, y me dijeron,no mi tío, son los de la escuela, son los de ir a todas partes”, y ahí comprendí que siendo el único par que tenían, quemaban las suelas en las calles, en la escuela, en el trabajo, para seguir viviendo, y amanecer el día siguiente, como todos los días, haciendo algo, para algo llevar a su casa…

En la Fundación Alma Amiga, es importante estar consciente de la presencia de la población infantil – adolescente en todos los lugares en donde se desenvuelven, sin importar su estrato, los niños y adolescentes son el ciudadano ejemplar del país de mañana; como Fundación podemos garantizar que el país tendrá hombres y mujeres de bien, ayudándoles e impulsándoles en su niñez, en ese momento en que la personalidad del individuo se va formando, cuando las emociones van fraguando las respuestas empáticas y solidarias que necesita toda la comunidad. Por eso, si dejamos de discriminar entre zonas geográficas, y de hacer distinción de religiones o condiciones socioeconómicas para ayudarles, estaremos logrando nuestra meta: hacer de Venezuela, un país mejor, más desarrollado, más educado, educando al niño, educando al joven.

Nuestro director presidente: Enrique Alberto Romero Domínguez estaba con nosotros en este viaje , compartió este momento de encuentro con los niños y jóvenes, y viendo sus rostros de alegría, les dirigió las siguientes palabras:

“ustedes estaban en nuestro pensamiento, niñas y niños que trabajan aquí todo los días, bajo la lluvia y bajo el sol, tragando humo, y pasando hambre, sintiendo miradas duras de quienes vienen en sus carros, pero no los conocen. Vinimos a conocerlos por sus nombres, somos sus amigos, y al pensar en ustedes, los sentimos parte de nosotros, queremos compartirles un pedacito de alegría, queremos tenderles una mano amiga, con un deseo limpio.

Los muchachos se acercaron sonriendo, y lo primero que hicimos fue brindarles unos sándwiches  y unos juguitos que les llevábamos;  con qué ganas disfrutaron ese desayuno. Los acompañamos un rato mientras comían y se hacían chistes y el director presidente, Enrique Alberto Romero Domínguez, les transmitió ésta enseñanza:

“si ustedes, no empiezan a soñar, a imaginar lo que quieren ser cuando sean adultos, va a ser muy difícil visualizar una vida próspera. Todo ser humano merece una vida próspera, educada, con unas condiciones dignas para vivir, con comida para compartir, con acceso a la información y al conocimiento. Ustedes muchachos, son el futuro de esta patria, y el primer paso es soñar, imaginar y pensar lo importante que seremos mañana. Ustedes son importantes ahora, y serán importantes dentro de unos años, porque Venezuela necesita sus manos, y esas ganas de trabajar y salir adelante, que nos están demostrando.

Los admiramos, porque ustedes no esperan que la ayuda les venga, ustedes trabajando se ayudan a ustedes mismos. No esperemos nunca que alguien venga a ayudarnos, seamos nosotros los que propiciemos la ayuda, porque siempre habrá alguien necesitado para darle una mano. Y luego de soñar, nos depertamos de ese sueño, y vamos a la acción, y en la acción se construye el país, laborando incansablemente bajo lluvia y sol, con tristezas y felicidades, eso muchachos, eso es lo que hace que el ser humano sea grande”…

Después de este mensaje les fueron entregadas en donación, unas sandalias crocs, que son muy cómodas y especiales para llevar agua, sol, y son durables. Ellos las recibieron con mucho beneplácito y las lucieron inmediatamente con orgullo enfrente de sus compañeros.

La parroquia el Guapo, es una localidad del municipio Páez del Estado Miranda, allí hay muchísimos niños y adolescentes, y sus padres emplazan en sus actividades comerciales en torno a la capital del municipio, el pueblo de Río Chico, la mayor parte de ellos artesanos, y vendedores de productos frutales de la localidad, de cacao y casabe. Allí en el caserío del Guapetón, estos muchachos aprovechan la parada concurrida de los viajeros para ofrecerles su servicio de limpiaparabrisas de sus carros o de hacedores de mandados, para ganarse una colaboración y poder llevar sustento a sus hogares.  Desde aquí nuestra palabra de amor y promesa de asistencia a estos niños trabajadores, a esta comunidad, a este estado. Sumemos voluntades, para seguir aportando bienestar y desarrollo nacional.

Somos Alma Amiga.

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