9 formas de fortalecer la esperanza

La esperanza es una de esas palabras que nos inspira y aferramos a ella con amor, porque nos gusta pensar que siempre habrá una posibilidad, una puerta que se abrirá en el último momento y nos dará la solución para salir del infortunio y quitar cualquier dolor. Cuando perdemos está visión ante la vida, caemos presa de la desesperación.

Esperar siempre lo mejor

La esperanza ha sido tema de reflexión desde siempre, grandes filósofos y pensadores han tratado de definir la esperanza, y la necesidad de tenerla presenta en nuestra vida. Aristóteles por ejemplo la definió como el sueño del hombre despierto, en el sentido de los anhelos hacia los que corremos y que dan sentido a nuestras vidas.

El poeta Ovidio señala por su parte que necesitamos la esperanza, que esta es una necesidad ontológica, inherente a nuestro ser:

La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aun cuando no vea tierra por ningún lado.

Como dijo Giovanni Papini, el ser humano no vive más que por lo que espera, y siempre espera lo mejor. La palabra esperanza viene de esperar, de las expectativas de salir bien de la situación, y nos encontramos que la vida es una sucesión de esperas:

  • El estado de buena esperanza de las mujeres al traer un hijo al mundo
  • Los niños que anhelan hacerse mayores
  • Los jóvenes que esperan encontrar su propósito y lugar en la vida
  • Las promesas del amor
  • Las personas maduras esperan ver crecer a sus hijos y a sus proyectos
  • Los ancianos esperan tener una vida tranquila

Podemos también decir desde un punto de vista racional, que la esperanza es un estado de ánimo en el que vemos como posible aquello que deseamos, porque creamos y comprendemos que todas las condiciones están presente para que se cumpla nuestro deseo.

Tomándolo desde una opción mágica, sucede cuando acertamos algún juego de azar que nos hará ricos o deseamos que algún milagro salve al familiar desahuciado por la medicina, o cubra la necesidad que nos aqueja en el momento, o simplemente realizar aquel viaje que siempre deseamos.

La esperanza la asociamos como un acto de confianza o adhesión a la vida. Mantenemos la confianza en cosas simples y cotidianas como, el sol sale cada día y para todos; sin la posibilidad de que pase lo contrario y pueda quitarnos nuestra tranquilidad. Es frecuente decir que no se puede vivir sin esperanza, porque forma parte de nuestro proceso de ver la realidad, es una de las energías que lo hace posible.

A todos nos gusta vivir esperanzados, porque cuando algo bueno sucede, adquiere mayor relevancia. La disfrutamos mucho más, y que es inagotable e infinita, de la misma manera que cuando estamos en una situación difícil imaginamos que no durará para siempre y pronto se tornará en algo agradable.

La esperanza también tiene que ve con la capacidad de ser optimista, por ello es bueno cultivarlo de forma moderada y constante, respecto al aprecio por el mundo y sus habitantes, o si se prefiere, un ligero pesimismo esperanzado: las cosas no están en el fondo tan mal como parece.

9 acciones para fortalecer la esperanza

Muchos niños, niñas y adolescentes que ven un mundo en crisis pueden en un punto perder la esperanza, y podemos enseñarles que la esperanza más que una reacción debemos verla como una elección personal, y cultivarla se convierte en una actitud ante la vida, que puede ayudarnos para abordar cualquier reto con más fuerza. Como sabiamente decía Maya Angelou:

La esperanza y el miedo no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo. Invita a que una se quede.

Por ello, aquí te ofrecemos unas recomendaciones para mantener viva la esperanza:

Elige enfocarte en lo bueno de la vida, puedes decidir en cuál de las opciones que quieres para ti, y también puedes elegir que quieres ver. Entrenar tu mente para que se acostumbre a ver toda la bondad y el amor que existe en el mundo.

Cambia tus pensamientos, el mundo que ves es un reflejo de tus pensamientos, elegir el pensamiento de mejor calidad, podras ver un mundo distinto. Para ello debes hacer un trabajo de transformación personal, desmantelando todas las ideas negativas y perturbadoras.

Alejate de las personas con actitud pesimista y se quejan por todas. Estas personas hacen que disminuya tu energía, y no ayuda a que alimentes tu esperanza. Así que presérvate y aléjate de quien no suma a tu vida. Si es una persona que está en tu entorno cercano, elige otros temas de conversación.

Medita, dentro de los beneficios que nos brinda esta el de sensación de paz, profunda relajación y hacernos sentir más descansados. El experto en meditación y yoga Davidji, dijo: si rezar es hablar con Dios, meditar es escucharlo. Aunque requiere compromiso y dedicación por que hay que hacerlo regularmente, vale la pena el esfuerzo.

Busca inspiración, existen miles de historia de personas que han superado dificultades, que nos inspiran a salir adelante.

Oye música que te alegre o te eleve, cuando hacemos algo que nos alegra, se producen químicos en nuestro cuerpo que nos hacen sentir felices. Además, una música que nos gusta nos eleva el espíritu.

Desconéctate de los noticieros, trata de ver la menor cantidad de noticias posibles. Generalmente están enfocados en sucesos negativos. Cuando escuchamos el noticiero el cuerpo genera una reacción que nos disminuye la energía y sentir que el mundo esta por acabarse.

Conecta un espacio de la naturaleza y disfrútalo, como caminar descalzo en la hierba, sumergirse en el mar, disfrutar de los rayos del sol en la mañana o contemplar a las aves volando y conectarse con la sabiduría infinita de la naturaleza.

Haz ejercicios, realizar cualquier actividad física genera endorfinas, químicos que te dan bienestar. Además, al poner atención de tu mente en tu cuerpo. No les des oportunidad a los pensamientos negativos.

La esperanza es un valor para la vida, confiar en las cosas cambian a nuestro alrededor para bien, y pensar que es viento favorable que impulsa nuestra nave, y cuando el viento no sopla y nos impide avanzar, debemos saber esperar y mantener la confianza que el viento llegará de nuevo para seguir impulsándonos. Vivir esperanzado es una dicha en sí misma, el bien que se anhela nos conforta ya antes de que lo alcancemos.

Como afirma un proverbio japonés: «Aún mejor que llegar es viajar lleno de esperanza».

La Fundación Alma Amiga mantiene viva la esperanza en que la infancia venezolana tendrá un futuro mejor, y en la mano de sus voluntarios, embajadores y grandes colaboradores como Enrique Alberto Romero Domínguez, trabajan incansablemente para brindar herramientas hacia la consecución de la autonomía, y a través de su propio esfuerzo crear las condiciones para conseguir bienestar en la vida.  

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