Dios nos habla

ENTRENANDO EL ALMA – Parte 5. Las 7 obras corporales de misericordia. Segunda Obra: Dar de beber al sediento.

Dar de beber es todo un símbolo material que nos introduce a la espiritualidad precedida por los sentimiento, la amistad, la camaradería. Cada vez que tenemos la oportunidad de quedar con alguien que nos representa amistad o cariño, lo hacemos compartiendo como menos una bebida, un jugo, un café, un agua fría; porque el beber no solamente estimula el paladar para propiciar un momento de placer, sino también el bienestar que nos suministra la hidratación. Tener sed, es sencillamente bíblico, y hasta el maestro tuvo sed y lo expresó…

Jesús de Nazareth agazajó a sus discípulos dando de beber y transformando este gesto en una alianza nueva y eterna, bebiendo de su verdadera sangre espiritual, él permanecería como un memorial en sus almas, hasta que se cumpliera el tiempo de cada cual. Más que un signo superfluo de hospitalidad, dar de beber al sediento significa ser oasis para alguien, refrescar el cariño o en el más importante de los casos la necesidad de un sediento, para quien el agua es el más preciado tesoro, y en algunos lugares del mundo con altos índices de insalubridad, el agua limpia valdría más que el oro.

La sed es más que una sensación fisiológica que demanda hidratación, es símbolo de un anhelo; recordemos el episodio de la Escritura (Jn. 4,7) cuando Jesús le dice a la mujer de Samaria que vio acercarse al pozo de Jacob: Dame de beber…, y el consiguiente mensaje donde deja como legado a la humanidad cuando le dice: Yo soy el agua Viva, el que tome de esta agua, ya más nunca tendrá sed de otra agua, sino que está se transformará en una fuente que mana hasta la vida eterna (Jn. 4, 13-14). Entonces aquí el agua es una imagen del Espíritu de Dios que da la Vida, sólo la presencia de Dios sacia todos los anhelos de la mente humana, sólo en su presencia hay sosiego a cualquier necesidad y plenitud a toda felicidad. Dar de beber al sediento es atenderlo cuando la oportunidad toca a la puerta, porque como el agua no se le niega a nadie, más que al enemigo como reza el adagio, apagar la sed de un menesteroso es algo tan fugaz , que cuando podemos hacerlo y lo hacemos, es una oportunidad de oro para dejar una impronta en el alma de esas personas. Una persona que acaba de saciar su sed, tendrá por algún corto instante, el pensamiento presto para la escucha y la atención a un mensaje crucial. El mejor momento para dar el mensaje del amor es este, y démonos cuenta, es una oportunidad imperdible.

Un Ser humano puede sobrevivir días sin comida, pero muy pocas horas sin agua, aquí vemos su radical importancia y distinción en contraste con la primera obra de misericordia. Esta es más profunda, porque hay implícito un significado simbólico en el hecho.

Santa Rosa de Lima, la santa de Perú decía que cuando hacemos una obra de misericordia corporal, no estamos ofreciendo nuestra ayuda a esa persona, sino a Cristo que pasa en ese momento de necesidad, y saciar a esa persona circunstancial, es darle una mano a Cristo. Dar un vaso de agua a esa persona necesitada, es un expedito acto de amor hacia Jesús.

La Misericordia implica la capacidad de compadecerse de las fragilidades humanas y las miserias del prójimo; y la imposibilidad de una persona para no haber cubierto de modo circunstancial o definitivo sus necesidades, nos impele a atenderlo con misericordia, con un gesto desinteresado que no es otra cosa, sino la firme convicción de estar haciéndole el bien a Jesucristo.

Dar de beber al sediento es ir y compartir la bebida con el prójimo y también saciar la sed material, la sed que seca la garganta y nos debilita, debe ser subsanada con acciones concretas, que puede adaptarse a las posibilidades individuales, en lo personal o en familia.

¿Quieres saber acciones concretas que podrían ayudarte a cumplir la segunda obra de misericordia corporal? No te pierdas nuestra próxima publicación.

Dejamos éste mensaje de paz y buena voluntad en la voz de nuestro director presidente:

Yo le daría de comer al niño que es inocente de todo, y al anciano que ya no tiene tiempo de remediar todo lo que ha hecho o dejado de hacer. Asumir un voluntariado que pueda ayudar a quien aún o ya definitivamente no puede, o impulsar un proyecto o a un alma, que quiere alzar el vuelo, es la misión de la Fundación Alma Amiga. Bienvenidos sean los voluntarios, porque en ellos está la oportunidad de cambiarse a sí mismos y cambiar el mundo.

Enrique Alberto Romero Domínguez.

Somos Alma Amiga, somos amor incondicional.

Juan Carlos Rivas Pérez

@diaconone

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