Dios nos habla

Entrenando el alma – Parte 3.

Enrique Romero Fundacion Alma Amiga Entrenando el Alma parte 3 - Entrenando el alma - Parte 3.

Comencemos un plan de entrenamiento de nuestra alma. Han de ser acciones concretas ejercicios factibles que produzcan cambio y transformación en nuestro propio ser. Pequeños actos, algunas veces heróicos que debemos hacer sólo a los ojos de Dios, sin que se entere nuestro prójimo; es decir, sin bulla, sin bombos ni platillos, sin publicidad, en total anonimato, de tal modo que, Nuestro Padre que vé en lo secreto, nos recompense y conceda más amor y sensibilidad ante la miseria humana, que seamos seres que conocen en persona el amor de Dios.

Las 7 OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA. Primera Obra:

  • Dar de comer al hambriento. Es un mandato de Dios, expresado en el libro bíblico llamado Eclesiastés, en su capítulo 11, versículo 1.

La sensación de saciedad que sentimos cuando hemos comido, es la respuesta satisfactoria del cuerpo que ha alcanzado los nutrientes para seguir renovando su sangre, y por ende, permitiendo la vida. Comer es, un acto plenamente fisiológico, una necesidad básica. La nutrición es la raíz del bienestar y la energía que nos permite desenvolvernos en cualquier otra área. Con hambre, no puede aprenderse, no se puede orar, no nos concentraríamos, no podríamos hacer el bien. Sin alimento material, el alma no tiene la oportunidad de desarrollarse.

Dios mismo alimentó a los israelitas en su éxodo mandándoles el maná, el pan del cielo, el fruto del tamarisco mannifera, de donde luego molían harina y podía hacer un pan que era dulce como miel; les envió a las perdices en el desierto para que las proteínas les permitieran tener fuerza y seguir avanzando en el camino del desierto hasta llegar a la tierra prometida.

El hambre natural, física, que tienen las personas, sobre todo los niños, que no miden su deseo a la hora de sentirla. El hambre es saciada por alimentos físicos. Para mantener el cuerpo, exterior en buenas y saludables condiciones. Si el cuerpo no recibe los alimentos se debilita, y hasta la muerte sobreviene. Lo cierto es, que una vez cubierta el hambre material, se hace posible el hambre del espíritu, se abre cabida en la mente y en el espíritu para hablar de Dios. Jesús mismo, primero alimenta a la multitud (Mt. 14, 15-16) y luego expone su discurso, porque no sólo de Pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de su Señor Dios. Entonces, de la misma manera al espíritu del ser humano, debe alimentársele con comida espiritual, y éste es la palabra de Dios, la cual nutre la vida del alma. Un espíritu que no se alimenta queda adormecido, en un letargo sin sentido, muerto, y sin energía, así como el cuerpo cuando no es alimentado, se debilita, de esta forma, el espíritu también presenta síntomas de debilidad.

En la Fundación Alma Amiga aprendimos que, cuando los seres humanos tienen cercanas experiencias con milagros, la manera de pensar cambia en sus vidas. Se transforma la conciencia; de ser un simple conocimiento a ser una  gran experiencia.

Jesús hace una obra concreta, real, tangible; y aunque no estaba, por su investidura, en su poderío económico el desprendimiento material de algo que tuviese de su pecunio, organiza a las gentes y les estimula para que compartan sus propios bienes y los pongan en común. Veamos este trozo de experiencia:

 13 Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades.

14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

15 Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: ― El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.

16 Jesús les dijo: ―No tienen necesidad de irse; dénles ustedes de comer.

17 Y ellos dijeron: ―No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.

18 Él les dijo: ―Traíganmelos acá.

19 Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.

20 Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.

21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

 Mateo 14,13-21

Jesús no escatima su esfuerzo, y da ejemplo; porque el ejemplo arrastra a las personas al seguimiento. No negamos que haya habido un acto sobrenatural en la multiplicación de los panes, ciertamente que lo hubo; pero lo más anecdótico, es que los que tenían comida en la caleta, la hayan sacado y compartido, y les dice que busquen primero el Reino de Dios y su justicia, que todo lo demás incluyendo el alimento, sería dado por añadidura, entonces deja por sentado, que la prioridad es el Espíritu, el reino es lo primero, pero los alimenta para que sus mentes puedan comprenderlo: El Reino es prioridad, pero antes, hay que comer.

Jesús sin embargo, no dá él la comida directamente a todas las personas, si no que le dice a sus discípulos: “denles de comer”, lo cual nos dice que hay un mandato expreso en que sirvamos al prójimo y saciemos su hambre de pan y justicia; Jesús hace el milagro, y hace de nosotros sus instrumentos en la tierra para el cumplimiento terreno de su Reino, Él es el entrenador de nuestra alma, nos indica oportunamente lo que debemos hacer para estar en forma, Él da en abundancia y nos manda ser ejecutores de su caridad. En este momento, sucede el milagro, en el momento justo  en que vivimos la experiencia del milagro, la mente experimenta, y aprecia una transformación en la que si tenemos la conciencia abierta, y las emociones con apertura, nos lleva a un cambio en la perspectiva de ver las cosas. La Providencia en ese momento genera un corto circuito a nuestra lógica y todas las estructuras falsas de creencia, para así activar la Fe en Dios y en  lo que producen las obras de Caridad.

Tenemos en nuestras manos la posibilidad de ser los multiplicadores del Reino. Nos gustaría tenerte en las filas de Fundación Alma Amiga, y que con acciones concretas entrenes tu alma y des frutos para la vida eterna. Tú lo lograría, y nosotros lograríamos nuestra misión:  Ayúdanos a Ayudar.

Somos Alma Amiga, somos amor incondicional.

«Un itinerario adecuado y ya listo para que cumplamos la visión y misión como Alma Amiga de la humanidad, es cumplir a carta cabal las obras de Misericordia Espiritual y las obras de Misericordia Corporal. Allí hay mucho trabajo por hacer. Desde que Jesús visitó la tierra y le enseñó a sus amigos a hacer el bien, cumplir con estas 14 acciones concretas son el faro para llegar a Puerto Seguro. ¿Queremos ser Almas Amigas? Sigamos el camino de la Misericordia».

Enrique Alberto Romero Domínguez
Director Presidente.

Juan Carlos Rivas Pérez

@diaconone
Somos Alma Amiga, somos amor incondicional.

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